Identidad

En 1953, el "Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias"  crea en nuestra Ciudad un pequeño museo: la Sala de Arqueología Canaria "Luis Diego Cuscoy". A pesar de su corta existencia (1953-1958), la Sala de Arqueología es de obligada referencia por haber contribuido al acercamiento de la población a su patrimonio arqueológico. Testimonio de ello es la denodada constancia de la ciudadanía portuense por hacer prevalecer su museo; la historia de un viejo proyecto que se gesta en los previos a la instauración de la democracia en nuestro país (1973) y que finalmente culmina el 29 de mayo del año 1991, cuando nuestro Museo, el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz, recoge el testigo de la vieja Sala de Arqueología, alberga sus fondos, e inicia su propia andadura,  reconociendo y significando el valor de su propia existencia como un logro de la ciudadanía portuense. Claro queda, pues, la notoriedad del rasgo "origen" en el carácter de nuestro Museo, circunstancia que necesariamente va a marcar su identidad y principios de actuación. Ver más

El Museo Arqueológico del Puerto de La Cruz es de titularidad municipal, aunque se rige por un patronato con amplia representación ciudadana. Se halla enclavado en uno de los  barrios más tradicionales de la Ciudad, La Ranilla, justo en la línea divisoria que separa la vida local del ámbito turístico; actividad económica de la que vive la Ciudad. Ocupa una edificación de valor histórico-artístico, señera de la arquitectura canaria tradicional de los siglos XVIII-XIX. Más de dos mil seiscientos registros que representan diversos elementos de la cultura guanche forman sus fondos, entre los que destaca su colección de vasijas, que es el objeto de exhibición de su exposición permanente. Desde el punto de vista funcional, se estructura  en cuatro áreas de trabajo: Administración; Documentación, que incluye el Anexo "Fondo Documental Luis Diego Cuscoy"; Investigación y Conservación, y Difusión.


Este Museo es hoy una de las dotaciones culturales más importantes de la Ciudad, desarrollando líneas de acción propias que favorecen unas relaciones muy dinámicas y enriquecedoras con la Ciudad y su población, que se dirigen a distintos sectores de la población a través de programas de actividades  específicos en los que prima el carácter educativo y el sentido lúdico.